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#Poesía – La felicidad es inalcanzable

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Él llegó a su casa, esperanzado en tenerla.
Tuvo un día pesado, y quería obtener paz en sus brazos.
Colocó todo en su lugar, y pretendió encontrarla en su lecho.
Allí no estaba.

Gritó un “Hola, princesa”, pero no recibió respuesta…
Más que la del reloj, que marcaban las 9 y cincuenta.
Se empezó a quitar la ropa y se fue para la ducha,
Quería relajarse un poco con el jabón de menta.

Salió del baño, y se fue a la cocina,
Pensaba que estaba allí, pero no veía nada más
Que la alacena, la estufa, el lavaplatos y la cortina.
Miró por entre ella, y había una noche dañina.

Generaba cierto pudor de enojo en su ser,
Quería disgustarse por algo, y sin duda era porque no la podía ver.
Necesitaba abrazarla, pero seguía muda,
O era él quien estaba sordo…

Se echó en el sofá, cual hombre desahuciado.
Lágrimas de dolor profundo resbalaban por sus mejillas.
Una ira descomunal cegaba su alma,
Pero una tristeza incipiente lo regocijaba.

Al llevar sus manos a sus ojos,
Para secar sus mojados pómulos y párpados,
Notó aquel tatuaje que hacía una semana se hizo.
En esa muñeca que le recordaba tanto.

Una sola fecha, que databa de hacía un par de semanas,
una fecha en la que demostraba el dolor que estaba sintiendo,
El día en el que murió, y que aún no quiere reconocer,
El día en el que un ataque cardíaco le arrebató la posibilidad
De ver cada mañana con ella…

Y la ira se apoderó de él, cual torrente de desgracia.
No quería asimilar su muerte…
Eran más de 14 años junto a ella, y cada momento volvía a la vida a ese ser.
Una bella gatita que murió, de raza siamés,
Que se le aparecía en las noches para jugar con su mano,
Arañando suavemente la muñeca,
Esa misma en la que se tatuó su recuerdo,
Aquel recuerdo tenaz, que lo alejaba de ser cuerdo.

¿Quién puede volver a ser felíz después de tal atrocidad?