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#MartesPolítico – Acabando con los latidos de nuestro corazón

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Sin duda alguna, la muerte de Esteban Mosquera nos salpicó de tristeza a todos los que salimos a las calles, luchando por un mejor futuro. ¿Cómo es posible que un líder estudiantil, reconocido por su labor con la comunidad y su gran activismo por la educación y la paz, sea asesinado por dos sicarios en motocicleta? No lo sé ustedes, pero yo también concuerdo con la hipótesis que se está volviendo, de nuevo, viral en las redes sociales: #NosEstánMatando.

Tengo muchos conocidos que, con su visión sesgada por la religión o partidos políticos conservadores, aseguran que todo aquél que se cubra su rostro en una manifestación “pacífica” es un vándalo, delincuente, y en el peor de los casos, como lo afirma nuestra gran Gobernadora del Valle del Cauca, Clara Luz Roldán, terroristas, haciendo alusión a un reciente tweet suyo.

¿Es esto cierto? Sin duda alguna habemos quienes afirmamos que no todos los vándalos son manifestantes, y que no todos los manifestantes son vándalos. Se ha notado, y se han hecho públicas en algunas ocasiones, el cómo se infiltran personas dentro de las marchas y plantones para hacer de las suyas, pero los verdaderos manifestantes, también encapuchados, son los que se encargan de destaparles los rostros y hacerlos irse del lugar.

¿Está bien taparse el rostro en una manifestación?
Básicamente no. Pero vivimos en Latinoamérica, donde se tiene evidenciado que hay una persecución política para aquellos que están en contra de los altos mandos del Gobierno de cada país. En Colombia, poco a poco van apareciendo los desaparecidos en el Paro Nacional del 28 de abril, muertos o en zanjas en zonas aledañas a ríos, que por sus caudales son lanzados como bolsas de basura, y que terminan en las noches encunetados.

En ocasiones, y lo he presenciado, drones de reconocimiento facial han sobrevolado espacios de conciencia social, de educación y de expresión cultural en plantones o marchas, y días después se nota a lxs ‘compas’ con un centenar de policías ultrajándoles la libertad, aun así no hayan participado de ningún acto vandálico.

¿Estamos volviendo a los tiempos en los que se pedían, como diría Uribito, “resultados” a la Fuerza Pública? Todo apunta a que sí. La muerte de Esteban Mosquera sacudió a todxs lxs jóvenes de este país, y cayó como anillo al dedo para quienes estaban solicitando nuevas movilizaciones en contra del mandato de Duque, y a favor de la educación, la salud, y al derecho constitucional, además de humanitario, a la vida.

Se unen cabos, pues Esteban, quien perdió un ojo a manos de un disparo ocasionado por el ESMAD, en el Paro Nacional del 2018, ahora participaba activamente en el Paro del 28 de abril, y los días posteriores, como un reportero independiente del medio alternativo “Contra Portada”, claramente denunciando las irregularidades en los ejercicios del poder por parte de la Fuerza Pública, y denunciando los miles de abusos que se generaron en esa ciudad de Popayán.

Mosquera, estudiante de música de la Universidad del Cauca, que tenía 26 años de edad, fue ultimado por dos hombres en motocicleta que le dispararon hasta que cayó muerto. El barrio La Pamba se estremeció por el sonido de las balas, y le lloró a uno de los jóvenes más influyentes en los caminos de la verdad y la búsqueda insaciable de la transparencia en este país.

¿Y qué podemos esperar entonces de este Gobierno?
Sencillamente nada. Uno a uno nos van matando, nos están asesinado a sangre fría. Ya da miedo salir a las calles y mostrar los rostros, porque este gobierno autoritario, autócrata y sin nada de valor para aceptar opositores, nos va a seguir disparando a la cara, mutilándonos los ojos para que no veamos… pero no se dan cuenta de que nos queda la boca. Y si nos la sellan, tendremos las manos para escribir, pintar, grafitear y dibujar… se dieron cuenta de que la única forma que hay para silenciarnos, es acabando con los latidos de nuestro corazón. Y, aun así, emergemos desde nuestro espíritu para seguir luchando por los que aún viven, y por los que se van yendo a manos de la dictadura.