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#Columna – Se entrenan como máquinas, se consolidan como los mejores, pero viven como ‘viejitos’

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Por: Giovanni Sánchez.

Es claro que, en el deporte, a los entrenadores y a los mimos deportistas se les mide la vara con resultados, es decir, son buenos quienes consiguen la preciada dorada, y quienes planifican un adecuado entrenamiento para dicho propósito. En mi casa, en donde se desayuna, almuerza y se cena deporte, una vez me dijeron que después del primero todos
eran últimos, tiempo después le escuche dicha frase, que había quedado plasmada en mi mente para siempre, al entonces entrenador del Deportes Tolima, Hernán Torres.

Muchos han escuchado la expresión “hay que entrenar como máquinas”, esto quiere decir que, si el deportista se quiere subir a lo más alto del pódium, debe programarse mentalmente y esforzarse físicamente para rendir en la competencia… pero rendir no es participar y dar lo mejor de sí, rendir es participar y pasarle por encima a los oponentes desde lo deportivo, es decir, venciéndolos.

La competencia es el principal ente motivador que todo deportista tiene, pues es en ésta en donde se puede dar cuenta qué es lo que realmente ha entrenado y de qué está hecho, y aquí vuelve el termino de ‘máquinas’, porque para llegar a un excelente nivel, y estar en los primeros puestos del ranking mundial de las diferentes Federaciones – como lo exige el
deporte de alto rendimiento-, se deben incrementar las cargas, lo que dentro de la planificación y metodología deportiva se conoce como volumen del entrenamiento. En este caso, ya no hay recreación, hay un compromiso que para algunos entrenadores y deportistas de altos logros se vuelve obsesivo. Ese compromiso que se aparta por completo del
concepto que muchos tienen sobre el deporte: El deporte es salud.

En el deporte competitivo, de títulos y medallas de oro, los únicos limites que existen se llaman lesiones, las cuales pueden darse por esa ‘explotación’ que existe hacia el deportista, de parte de su entrenador o preparador físico, y que conllevan a un agotamiento psicológico y físico, por eso es importante aclarar la diferencia entre actividad física, ejercicio y deporte, y así mismo definir al verdadero deportista, porque suelen llamar deportista a la persona que paga una mensualidad en gimnasio, va tres días y regresa a los dos meses; a los que salen a caminar tres veces a la semana o a aquellos que salen a rodar con sus costosas bicicletas y las infaltables fotos cada quince días.

En realidad, el deporte, ese que está siendo el protagonista de este escrito, abarca muchos factores y áreas: La psicología deportiva, fisiología deportiva, sociología deportiva, investigaciones, nutrición, medicina deportiva, chimeneas de debates, posturas críticas, estudios de los gestos técnicos, concentraciones, lagrimas, centros de alto rendimiento,
pobreza, clasismo, diferencia de sueldos, desempleo, clubes, masificación, escuelas deportivas, gráficos, estadísticas, umbral de lacto, umbral anaeróbico, saturación de oxígeno, frecuencia máxima y sus zonas, tipos de resistencia, de fuerza, mesociclos, macrociclos, microciclos, densidad, periodización, volumen, en fin… no menciono más
porque por el momento no las tengo presentes.

Es muy bonito y ‘chévere’, cuando se analiza el deporte, desde lo mencionado en el primer párrafo, pero es incorrecto, cuando se ignoran los principios del entrenamiento, esos como el de la individualización y caracterización, que permiten analizar cómo se adapta un deportista a los diferentes estímulos, o cuándo, por la premura de llegar como una máquina
a la competencia, el pasar de los años o la indiferencia se dejan a un lado las teorías y estudios de Tudor Bomba, García Manso, Sánchez Bañuelos, Javier Calderón, Axel Grosser, Platanov, entre otros, y esto de los autores se suele decir, porque cada entrenador, que es avezado en su disciplina deportiva, en muchas ocasiones suele refutar estas teorías,
con medallas doradas, récords y marcas, que es lo que termina de importar para la hoja de vida del entrenador y para que los jefes de estos, los metodólogos, presidentes y gerentes de las entidades deportivas justifiquen su trabajo, en donde los dos últimos lo justifican y lo llaman como una buena inversión al deporte.

A todos les ha llamado la atención cuando las cámaras de los Mundiales (los poquitos que no son transmitidos por cadenas internacionales) o los Juegos Olímpicos enfocan a Oscar Figueroa, Jacqueline Rentería, Carlos Oquendo, Marta Bayona, Yuri Alvear, y qué emoción, ¡Viva Colombia!, Vamos, vamos, pero no saben y menos les importa la cadena de
lesiones que arrastran estos deportistas de élite, esas lesiones que le han hecho al psicólogo deportivo, al Fisioterapeuta y Medico, trabajar incansablemente. A la gente le causó gran emoción la medalla y el récord olímpico de Oscar Figueroa en los Últimos Juegos Olímpicos, pero lo que pocos sabemos, es que en Beijing 2008, abandono las olimpiadas por una lesión en la muñeca, sumándose a la de espalda y rodillas, o que Yuri Alvear renuncio a sus últimos Juegos Olímpicos por una lesión.

En realidad, un deportista de alto rendimiento goza de salud hasta que se vuelve una máquina, y después vive como viejito, con sus achaques, por eso, les pido el favor, para quienes lean esto que no confundan los términos y, que no llamen deportista a cualquiera, porque cualquiera no nació ni sirve para hacerse deportista.