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#Columna – Pequeña crónica de una bandera manchada

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El lugar está lleno de sillas. Y mesas. Y de cuadros de sujetos que tocan en bandas de rock, metal, punk, etc. El lugar es oscuro, con algunos televisores para proyectar los videos musicales y con un grafiti al fondo: La bandera de Inglaterra se ve desde el techo hasta el piso, desde la pared de la izquierda, hasta la de la derecha. La bandera los identifica. La bandera que tiene gotas de sangre por peleas que se han formado.

La entrada del lugar está al fondo de un pasillo. Largo, lejano. Una luz azul triste lo acompaña hasta el bar. Las paredes están rayadas de todo tipo de cosas, desde operaciones matemáticas, hasta nombres de personas unidos con un corazón flechado. Son sucias. El techo está también rayado, y nadie sabe por qué o cómo llegaron hasta allí para rayarlo… son unos tres metros de altura.

Empiezan a llegar de a dos, como si fuera un bar para parejas. Los atuendos son oscuros, haciendo alusión al género que llevan en su sangre. Empieza a llenarse el lugar y parece que el único mesero que hay no da abasto para atender a todas las mesas. El mesero es el dueño. Y no quiere que nadie trabaje con él porque dice que es mejor cuando hace las cosas por sí mismo, con el amor que él proyecta a la gente. Puede ser ese el motivo por el cual su bar mantiene lleno.

Los baños tienen un aspecto extraño, con una luz roja fuerte, que se ve desde las mesas y sillas del lugar. El espejo está algo sucio, rayado y despicado en las puntas. Al costado izquierdo está el orinal para los hombres. No hay sanitario. Quizás el dueño piense que los hombres no hacen del cuerpo… sí hay luz, amarilla, casi café. Tampoco hay agua. Al costado derecho, está el de las mujeres, y la calcomanía que identifica el sexo del baño tiene la falda pintada con cuadros, cual falda de escoses. La cabeza la tiene con una cresta y a los lados dice “fuck”. Dentro, el baño es negro, paredes, piso, sanitario. Le da un aspecto rudo… en éste sí hay agua, pero no hay luz.

En una noche normal, ocurren muchas cosas en estos bares de géneros como el rock, punk o metal. Desde amoríos que surgen de un par que están bebiendo unas cuantas cervezas y conociéndose, hasta peleas y cachetadas por infidelidades que se ven. Desde pogos improvisados al lado de la bandera de Inglaterra, hasta jóvenes que, llevados por el licor, se quedan dormidos en el establecimiento que abre de jueves a Domingo.

Los pogos se prestan para muchas cosas. Conocer gente, bailar, empujar, e incluso pelear. Cuando suena alguna canción de punk, los de las crestas, chaquetas de taches, parches y botas con platinas en sus puntas se reúnen al lado de la bandera para hacer sus pogos. Los ruidos de las guitarras, las voces de los cantantes que gritan a todo pulmón sus indiferencias hacia el estado y la batería que acompaña con ritmo, se prestan para que la sangre de los punkeros se caliente y empiecen a saltar alrededor con sus puños apretados y sus caras cubiertas por sus manos. Cuando entran, no les provoca salir… no sienten dolor, ni siquiera un cosquilleo.

Si uno de ellos golpea a otro en la cara, o llevan las botas muy arriba, dan inicio a una pelea que los demás acolitan y que dan importancia. Se separan, la música sigue. El que dio inicio a la pelea no quiere forzar las cosas y explica que son cosas que pasan… pero el agredido no lo escucha y se va hacia él para propinar un puño fuerte, pero de lo drogado que está, antes de llegar a el otro, se cae al piso y se golpea la cabeza… cayó fuerte. Se levanta y su oponente lo encima con un puño que le tumba un diente… la sangre llega a la bandera. Lo deja noqueado y se acaba la pelea. El dueño del bar, para evitar malas difusiones de su bar, regala rondas de cerveza para todos los asistentes en ese momento. Hace cualquier cosa para que el nombre de su bar esté en lo alto.

La bandera tiene varios pedazos en los que hay sangre. Unas gotas más claras que otras, por el tiempo en el que se plasmó ahí. Por más que el dueño la limpie, no salen. Quedan marcadas ahí como el diario del bar. Lo que una vez pasó y la plata que perdió por tener que regalar rondas de cerveza. Es parte de la historia.