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#Columna – Los tenis de mi primo

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Después de fumar catorce años, priorizar lo banal, convivir con trastornos alimenticios y fobias; una tarde de 2017 agarré los tenis de mi primo (ni siquiera tenía) y salí a trotar por el barrio. Yo no lo sabía, claro, pero ese sería el inicio, parte del renacer que experimenté cerca a los treinta.

En aquel momento, ignoraba lo que sentiría, en quién me iba a convertir, cómo cambiaría mi vida abriendo una simple llave que se transformó en puerta a lo desconocido. Es más, portal a la dimensión que habito ahora, en el cuerpo de una versión insospechada de mí, pero que es tan real como la piel que me pellizco.

De manera que algo que, en un principio parecía simple; sobre todo, nuevo y lejano; me ha permitido sentir que evoluciono y crezco más de lo que me permite el tiempo y la misma humanidad. He descubierto un amor, un hobby, una pasión que me enseñó que somos fuertes, resilientes y estamos llenos de energía; que oxigena la mente.

Así que, un día a la vez, con una pandemia que me llevó a ser mas disciplinada, con todos esos días encima, debajo y adentro, en mis piernas, en cada parte de mí; a mis treinta y tres años corrí, por primera vez, una carrera presencial, (y la pionera en Colombia, desde el Covid), 5K de la Media Maratón de Cali de Juancho Correlón. Sin miedo, sin comerme las uñas, sin la ansiedad que alguna vez me hizo querer huir de mi propia cabeza. En cambio, llena de vida, de música, de esa locura por el deporte que anestesia, transforma, que lo vuelve a uno cómplice, que hace madrugar un domingo.

Me refiero a encontrar paz, a estar plena de verdad conmigo y de nuevo, sin necesitar más que un par de tenis. Así de cerquita se encuentra la felicidad. Sin embargo, ya lo sabíamos. Igual a cuando corro, tanto como pueda, consciente de cuánto le debo al movimiento. “Tán-tán”, pie con pie, corazón, respirar. Pisadas a un ritmo constante, suaves, pero consistentes.

Eso es lo que ha hecho en mí. Aquí me encuentro, aprendo y reconozco que nunca es tarde para nosotros, para reconocerse, involucrarse en algo nuevo y resistir un poquito, solo un poquito más.

Gracias, Juancho Correlón, por esa mañana maravillosa, de ensueño, de mirarse pa’ adentro, de sincronía en la ciudad, de ser tan caleños.

Mágico y de muy alto placer.

Gracias desde el periodismo.