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#Columna – Desde una conversación entre amigos

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Por: Camilo Figueroa Gil.

Hablaba con unos parceros horas antes de salir a marchar en el 28A, compartíamos nuestras sensaciones de lo que había pasado, unos con un poco más de seriedad que otros, pero a la larga, creo que si podríamos calificarlo como un debate. Uno de mis socios nos compartió un audio y una imagen que le había mandado un amigo suyo, argumentándole que, en pocas palabras, la reforma era algo bueno a largo plazo. Aun así, nuestra opinión seguía siendo negativa para con ella, pero gracias a esta intervención externa llegamos a varias conclusiones.

Lo que argumentaba el amigo de mi amigo, con un cuadro que había mandado, era que la reforma estaba pensada en darle mayor poder adquisitivo al sector más pobre del país a largo plazo, y viceversa con el sector más rico. Quiero ser transparente y decir que la reforma no me la sé de pe a pa, solo algunos aspectos puntuales. Debido a este desconocimiento, acepté oír el resto del argumento del man y llegar a mi propio veredicto, acompañado de mis amigos.

Luego de escucharlo, empezamos a hablar entre nosotros, sobre la reforma y motivos de esta marcha.

Una de las cosas en la que caímos en cuenta fue que ninguno leyó la reforma tributaria completa, solo nos habíamos quedado con la presunta buena intención de medios digitales que habían tocado el tema, y otras cuentas alternativas que también lo compartieron. ¡AH! Ya entendimos, el poder de la comunicación. Empezamos a pensar un poco sobre eso. En un tema tan denso como ese, es muy probable que haya una gran cantidad de desinformación al respecto. De hecho, desde mi parecer, si el gobierno quería claridad y detallar plenamente la reforma para la comunidad y evitar impopularidad, debieron de hacerlo de manera adecuada y con los pies en la tierra: no salir a decir que una docena de huevos vale $1800, sino abrir un espacio (como ese que tiene el presidente hace un año en tv) para hablar en profundidad y con transparencia sobre la reforma, claramente por ser algo que toca de manera directa el bolsillo de los colombianos.

¿Y qué pasó? Pues que se viralizaron los $1800 y la lista de nuevos impuestos para la gente. ¿Resultado? Las protestas de los últimos días. También hay que decirlo, esto lo aprovechan cierto tipo de personas para hacer desorden y daños en la ciudad, totalmente alejados del objetivo real de la marcha.

Uno de mis parceros dijo algo que me pareció llamativo: “La gente solo le cree a lo que hace la oposición, cuando lo que hacen es eso mismo, oponerse…se quedan con los videos de Juanpis en vez de informarse”.  No le pregunté si es que no le agrada, porque a mí en lo personal me gusta el trabajo de Riaño como Juanpis, pero lo que él dice tiene algo de verdad, porque básicamente, estaba describiendo a alguien como yo. No leí toda la reforma, pero le di like al último video porque refleja en cierta medida, la burla e injusticia que, en mi interior, creo le está haciendo el gobierno a su pueblo.

Ahí es donde yo explique el porqué de mi desacuerdo con la reforma y entre todos llegamos a la última deducción. El contexto actual no da para reformas. La economía del país no pasa un buen momento, pero la misma razón de esa mala situación, le pesa igual a la ciudadanía. La pandemia golpeo a todos y por eso se deben buscar soluciones, parafraseando a Einstein, las crisis sirven para incentivar el progreso y la evolución de la gente. Pero es que la gente lo ha sufrido tanto como el estado, y si la reforma era un buen proyecto para los estratos menos favorecidos, debió presentarse después del suceso que estamos viviendo, o por lo menos, aliviar la carga que recaería en la ciudadanía para que fuese aceptado. Pero bueno. Al final cerramos con esa mala palabra que se refiere a algo que esta complicado o difícil en la vida, nos reímos y salimos hacia la marcha. No somos expertos y nos hace falta informarnos de forma más amplía, pero hay que reconocerlo, nuestra generación quiere cambiar y ver una Colombia más justa. Desde una conversación entre amigos como nosotros, hasta llenar las calles con multitudes pidiendo por un mejor país. Así se hace, o cuando menos, se comienza.