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#Columna – De la cuna a la tumba

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“Corrige al sabio y lo harás más sabio. Corrige al necio y lo harás tu enemigo” Proverbio Chino.

La ausencia puede convertirse en la oportunidad para deconstruirse y reconstruirse desde nuevas miradas.

Quienes nacimos y vivimos en Cali, tenemos frente a nuestros ojos una situación sin precedentes: una ciudad al garete. La autoridad y el orden brillan por su ausencia. Los semáforos son invisibles para algunos motociclistas, pedir la silla azul del MIO para un adulto mayor o una gestante, es suicidario. Hacer la fila o esperar el turno es cosa del pasado. La crueldad contra los animales se volvió un deporte y la violencia contra la mujer (incluso en el noviazgo) es la nueva forma de demostrar amor.  

Sin fatalismos, el nivel de descomposición al que ha llegado la sociedad alcanza índices insospechados. Y eso que después de la pandemia “seríamos mejores personas” -decían algunos-. Es posible que los problemas que mencioné estén sobre diagnosticados. Entonces analicemos las causas, veamos por qué un ciudadano se vuelve irrespetuoso, inculto, violento o corrupto. Y digo “se vuelve” porque según el pedagogo suizo Jean Jacques Rousseau “El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”, tesis con la que coincido. Después de comentarlo con algunos de mis amigos, la conclusión es todo un consenso: los patrones de crianza y la formación impartida en el hogar.

No hay nada novedoso en decir que el hogar es la primera escuela y la familia el primer maestro. En el hogar aprendemos a ser autónomos, a socializar, a conocernos a nosotros mismos y a comunicarnos con los demás. Con la guía de nuestra familia consolidamos los principios y valores que regirán nuestra vida. En el hogar aprendemos a ser justos, solidarios, respetuosos, responsables, disciplinados y a resolver pacíficamente los conflictos; en definitiva, forjamos nuestro carácter y personalidad. Es allí donde empezamos a tejer nuestra historia de vida y en donde nace un proceso inacabado, que va hasta la tumba, y que podríamos llamar formación integral.

Quién no ha escuchado la frase “¿en su colegio no le enseñan modales?” ¡Vaya! en realidad los modales deben ser aprendidos en casa y solamente reforzados en la escuela. Pero la familia está en crisis, algunos ubican la génesis de esta crisis en la segunda mitad del siglo XVIII con la Revolución Industrial y la incorporación de la mujer al mercado laboral. Crisis que se acentúa con las devenires del mundo moderno, en medio de problemáticas sociales, económicas, culturales y hasta de composición familiar. Pareciera que ahora tener una familia con bases sólidas, es historia patria.

La complejidad de estas realidades demandan nuevas visiones sobre la formación, la familia y la escuela, que necesariamente nos llevan a plantear nuevas formas de educar-nos. Si usted es un padre, madre o cuidador y lee mi columna, lo invito a hacer de su hijo o hija un ser humano íntegro. Enséñele a respetarse a sí mismo y a respetar a los demás, a cuidar el medio que lo rodea, a valorar los animales y la naturaleza, a no arrojar basura en las calles, a ser honesto y a conseguir las cosas con dedicación y esfuerzo; a respetar las mujeres (y a tratarlas como merecen), a no hacer trampa, a no ser facilista, a no tomar lo que no le pertenece (por insignificante que sea) y a cumplir la ley por injusta que parezca.

La formación integral es una tarea compleja cuya responsabilidad no es deber exclusivo de la escuela o de los docentes. la formación inicia desde la cuna, desde casa, en el hogar, en la familia (sea cual sea su composición) y no termina nunca, es inacabada, va hasta la tumba. Requiere inteligencia y sentido común, es difícil pero no imposible. Lo reto a que lo haga.