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#Columna – ¿Cómo me sentí yendo a una terapia de ‘Reiki’?

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Hace cuatro años tuve mi primer ataque de pánico y hoy finalicé la terapia ‘Reiki’ en la que yo misma me involucré; con el único objetivo, el mismo de siempre, el universal: Estar mejor.

De ninguna manera, creo que el tema de las fechas sea casualidad. Llegué expectante, muy parecido a cuando fui a la psicóloga, en 2017. Mas la ilusión no había variado en el tiempo, ni creo que lo haga. Pues, considero que lo que somos y cómo estamos ahora, en gran parte, lo debemos a la continua intención de optimar nuestra vida; solo que todos tenemos diferentes maneras de buscarlo.

Mi terapeuta Adriana se conectó, de inmediato, con mi malestar, con mi intranquilidad, con esos pensamientos obsesivos con los que llevo o mejor dicho, llevaba más de un año mortificándome.

No sé cómo hizo para vaciar mi cabeza. De hecho, empecé el programa en un estado más ideal de que venía; curiosamente, bastante más tranquila. Solo dijo: Seis sesiones. Y aquí estoy, escribiendo sobre cómo me sentí durante ellas.

Sí, “todo pasa”, justo hoy lo pensaba. Hacía años me había interesado el tema; mas no comprendía, de verdad, el tesoro que se abre en la psiquis. ¿Qué digo? En el espíritu, cuando se acude a un lugar con la intención de equilibrar los chakras; aun siendo consciente de que puede ser un proceso continuo, quién sabe por cuánto tiempo; tal vez para siempre, como muchas cosas en la vida. Ya que, como todos sabemos, la energía muta constantemente.

Acostada en esa camilla entré en un estado diferente al de cualquier otra situación que haya experimentado. Tuve falsa disnea (sensación de ahogo) de primera mano, que fue el coco durante el tiempo que estuve tratada en el pasado. Intentaba recordar que ahora solo estaba ahí, en ese consultorio, y que nada malo ocurría; pero fue constante, como si apenas se estrenara en mi mente. Además, se intensificaba en los mismos puntos de la terapia, al inicio de esta, sobre todo; ya que, con los días, poco a poco, disminuyó.

Lo mencionado me dio la impresión de verme reviviéndola, invocándola, despertándola, para saludarla de nuevo, y enfrentarla, con el fin de reafirmarme, con valentía, que soy Lorena, la mujer que ya superó una vez al Trastorno de Ansiedad Generalizada.

Erizarme, sentir que me movía, que me iba. Y una luz siempre, al cerrar los ojos, que se desvanecía y volvía; como un protector de pantalla de los computadores de antes. Sé que el ‘reiki’ es considerado por algunos solo una técnica más de relajación y meditación; pero estoy segura que hay algo más, porque vivirlo me trajo sensaciones muy nítidas, que aún me impresionan, ya que desaparecían en el mismo instante en que terminaba la sesión.

Claro que pude haber sido yo, mi sugestión. Cómo saberlo. Es más, quizá de eso se trate. O lo más importante: Quizá así funciona; pues, ahora, como todos estos días, no siento otra cosa que paz, después de haber acudido a este programa tras una temporada casi que de ahogo en meditaciones propias y tortuosas sin sentido. Y bueno, creo que, para llegar a tal punto, todo vale la pena (por lo sano, claro).

Así que, si quien me lee está pasando por alguna situación intensa y/o un quebranto de salud física, mental y/o espiritual, ojalá le dé una oportunidad a dicha técnica de sanación energética, que solo tiene como propósito ayudar. En serio, espero que pronto se recueste en una de aquellas camillas y solo se deje llevar.

Sí, es que eso es lo más importante: Que nuestra alma se envuelva.

Mi terapia la hice en el centro Empoder (@empoderpnl) de Cali, con la terapeuta Adriana (@terapiareikiradiestesia).