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#Columna – Campeones sin trofeo

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Por: Daniel Otálvaro.

Jorge Valdano, Juan Caparrós, Jorge Barraza y otros escritores que le dan un grado de importancia al fútbol, por estos días se han dedicado a recordar momentos históricos de la Eurocopa de naciones. Los capítulos que han ido publicando se destacan por contener lo mágico, lo humano y lo deportivo en pequeñas historias que nos cuentan la vida de una estrella o la de un hombre jugando a serla.

Son narraciones reales, descritas de manera semejante a los cuentos de Roberto Fontanarrosa, de balones que entraron al arco y cambiaron la historia de una nación. Uno de estos relatos es el caso de la desaparecida Checoslovaquia, cuya realidad por aquel año 76 era sombría bajo la cortina de hierro, puesto que ocho años atrás se había visto afectada por las dinámicas de sometimiento e invasión Soviética a causa del pacto de Varsovia. A los checos el fútbol les dio la oportunidad de brillar en Europa y de derrotar en un once contra once a la Alemania occidental.

El hecho que marca un hito en la historia de esa Eurocopa celebrada en la también desaparecida Yugoslavia es el último penal de la serie ejecutado por Antonín Panenka, siendo el primero de ese tipo en el fútbol internacional; golpe sutil y bajo al balón, permitiéndole salir en dirección al arco de manera de vaselina para terminar adentro de la red.

Otra de las recopilaciones es “el gol imposible” de Van Basten en la final de la Eurocopa de 1988, es una narración corta de forma cronológica de su historia personal de lesión y la culminación de su carrera a una edad temprana (29 años). El arquitecto del “Fútbol Total”, Rinus Michels, llevó a los Países Bajos la gloria de una EURO, pero fue Marco Van Basten la estrella que más brilló en medio de una generación de figuras como:  Hans van Breukelen, Ronald Koeman, Frank Rijkaard, Jan Wouters y Ruud Gullit, lo acompañaron en su proeza.

El siguiente hecho lo reconstruye Jorge Barraza, escribiendo a cerca del triunfo de una selección que no clasificó para fase final de la EURO. En 1992, estalló la guerra de los Balcanes obligando a Yugoslavia a renunciar a su participación en el certamen, por motivos de competitividad y organización, citaron en su lugar a los daneses, segundos en la clasificatoria, añadiendo que para ese momento se encontraban en vacaciones, rejuntaron un equipo y terminaron alzando el trofeo en el estadio Ullevi de Gotemburgo, venciendo en la final a la recién reunificada Alemania.

Lo que guardan en común estas tres historias, son el título de campeón y el trofeo para sus vitrinas, pero hay un hecho reciente que será contado como un capítulo más de este certamen continental. La Eurocopa del 2020 (jugada en 2021) nos mostró la esencia de la vida, porque el fútbol se ha visto permeado de sociedad como lo he mencionado anteriormente en esta misma columna; pactos, invasiones y estallidos sociales, para casos políticos han aparecido personajes con poder, pero para urgencias de salud han salido corriendo desde el banco los médicos, los mismos colegas que han estado al frente de una peste que se quiere devorar la humanidad.

Sin batas blancas, con solo dos maletines uno en cada mano se pudo atender a Eriksen, lo devolvieron al campo, al campo de la vida, luego de ser rodeado por sus compañeros y una bandera de Finlandia, se marchó, para luego volver en la voz de los asistentes que lo ovacionaron sin estar ahí. Los médicos son los campeones como bien lo propuso el diario MARCA de España. Para ellos no hay trofeo ni medallas, pero han logrado ganar más que los alemanes, que Van Basten y su banda, que la España de Aragonés o de Del Bosque… o el resto de los equipos que se han alzado con la copa, es sencillo y digno decirlo: La vida no tiene precio, ni hecho que la recompense.

Para los médicos del mundo más que felicitaciones, gracias.

Semifinal: ¿El concepto de caleñidad se reescribe o definitivamente queda sepultado?

Final: Me cuesta mucho irme a dormir y levantarme con noticias extremadamente lamentables ocurridas en Cali.