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#MartesDeClavianos – Olmes Ortiz, el primer activista cannábico en Colombia

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Por: Fernando Cruz Cuéllar.

“A la bareta alabaré, a la bareta alabaré…” cantaba Olmes Ortiz, en un video que se hizo viral, con el objetivo de invitar a la marcha cannábica. También, fue el hombre que popularizó la frase “Sí al bareto, no Alvarito”. Y además es uno, sino el primer activista cannábico colombiano, fundador de la Marcha Cannábica en Colombia y representante legal del Movimiento Cannabico Colombiano.   Hoy, desde el Hospital Universitario del Valle, donde está internado luchando con el Covid- 19 y las repercusiones de un consumo constante de bazuco (pasta base de coca), habla de su historia como marihuanero, como activista y como ser humano.

¿Usted cómo conoció la marihuana?, ¿Cómo fue su primera vez?
En el  Festival Ancón de 1971. Resulta que a Gonzalo Carolo se le prendió la chispa, así como a mí, y le dio por hacer un concierto de rock en Medellín, después de pegarse unos ácidos (LSD) en San Andrés. Al final se hizo en una manga en La Estrella, un municipio cercano. Eso cambió la historia de la ciudad, fue un antes y un después.

Yo tenía 14 años. A mí me llevó mi hermano, un hippie, y allá fumé. De hecho, ahora el 18 de junio, a las tres de la tarde, voy a cumplir 50 años de haber fumado marihuana y de hacer por primera vez el amor. De botar cachucha.

¿Cómo inició su trabajo como activista?
Yo siempre fui artesano, hippie. Así que empecé a trabajar vendiendo unas hojitas de marihuana hechas en alambre que servían como “mata patas”. Es decir, un aparato para poder darle las últimas caladas al bareto. En esas, a la gente que me compraba, le comentaba mi interés por que la marihuana se legalizara. Así pasaron varios años.

¿Cómo nace la marcha por la marihuana?
Eso nace en Medellín, en el barrio la Libertad. Una vez, mientras estaba hablando sobre la legalización, un pelado me dijo: “Si estás tan preocupado por eso, hacé una marcha” Y eso se me quedó en la cabeza. Entonces me fui para la Alpujarra (El centro administrativo de Medellín) y me dijeron que no, que eso no lo podía hacer. Y así estuve, insista e insista, hasta que en el 2007 me dijeron que sí, que la hiciera, pero que tenía que pagar 450 mil pesos en permisos.

Pero al final se realizó la marcha, ¿Cómo consiguió el dinero?
En ese momento, la comuna 8 era manejada por Julio Perdomo, él siempre me escuchaba y le interesaba mi discurso sobre la legalización. Entonces cuando yo iba subiendo, camino a la casa de mi mamá, él me saludó y me arrimó. Mientras estábamos en el carro yo le comenté lo que había pasado y sacó 750 mil pesos y me dijo “Ahí tenés para que pagues la marcha, para tus almuerzos y para la publicidad” Y nada con esa plata logré sacar el permiso e hice algo de publicidad. Los escoltas de Julio no creían que yo en verdad fuera hacer todo eso, porque en ese momento yo era prácticamente un habitante de calle, y ellos pensaban que yo me iba a soplar esa plata.  A los días llegué y les mostré el permiso de la Alcaldía, ya la marcha estaba programada para el 9 de diciembre del 2007. Entonces, Perdomo, me dijo “Yo sabía que vos si ibas a cumplir, por eso te tengo este regalo” y me pasó una caja con 100 camisas que decía “Legalización Cannabis, 100% natural”

Cuénteme la historia de esa primera marcha, ¿le fue bien?
No fue nadie, mijo. La gente estaba muy asustada y todos tenían el guayabo del 7 y 8 de diciembre. Solo estaban 10 personas que iban conmigo y otras 10 que recogí por ahí, pero había 50 policías. Entonces claro, con tanta policía nadie quería ir porque pensaban que eso se había calentado. Hasta que el capitán llega y me pregunta “¿Vos sos el organizador?” Yo en ese momento estaba usando el permiso de la marcha como bandeja para armar un bareto, quité la marihuana y le pasé el papel.

Claro, todo el mundo estaba muy sorprendido por la tranquilidad con la que yo estaba armado un bareto en frente del capitán. El policía me felicitó por mi gestión y me preguntó si al final iba a marchar y le dije: “Con tanto policía y tan poquita gente, eso queda como marcha de policías, mejor no” Ahora pienso que debí hacerlo, pero no lo hice.

¿Cómo nace el Movimiento Cannábico Colombiano?
Bueno, después del fracaso en la marcha, yo me sentí muy derrotado y me tiré a la calle. Estuve en unas condiciones muy desagradables, estaba muy deteriorado. Hasta que unos amigos me encontraron y me llevaron a una finca. En esa finca, logré mejorar, y yo, en agradecimiento, les regalé algunas de las camisas que no había usado.  Ellos también vendían artesanías en Medellín y la gente los comenzó a ver con las camisas que decían ““Legalización Cannabis, 100% natural” En esas, David Arango, diseñador gráfico, pilló a uno de ellos y le preguntó sobre la camisa. Al que le preguntó le contó de mí, y nos pusimos en contacto.

David me comentó que había un marco a nivel mundial alrededor de la marcha del cannabis y que se hacía todos los años el primer sábado de mayo. Empezamos  a cuadrar todo para hacer la segunda marcha, con eso en mente es qué surge el Movimiento Cannábico Colombiano. Y Arango es el que diseña el logotipo del movimiento. Esa marcha fue en el 2009 y a partir de ese momento, cada año, celebramos la marcha con el fin de que se despenalice el uso y consumo de la marihuana.

¿Cuál es su objetivo  como activista?
Demostrar públicamente que han sido las leyes prohibicionistas las culpables del problema actual con las sustancias psicoactivas. Solo debemos revisar el papel que tenían estas prácticas antes de ser prohibidas.

¿La prohibición del consumo es la responsable? ¿Por qué?
Antes de la prohibición, el consumo y uso de sustancias, no representaba ni un deterioro ecológico, ni personal. Al contrario, hacían parte de una serie de ritos, y ceremonias con mucho contenido psicológico y espiritual. El contacto   con la planta bajo un espíritu  de libertad conlleva al individuo a desarrollar habilidades en desuso, como la inspiración, la contemplación y el análisis. Sin embargo, cuando el individuo se encuentra  con un elemento que está  establecido como malo, lo hace con miedo. Y ese temor,  le genera un deterioro psicológico porque tiene el alternate de que será castigado.  Prueba de ello es que para usted irlo a comprar tiene que ir a un lugar de inframundo, la “olla”. Ahí te pueden matar, violar o robar.  Eso se graba en el inconsciente.

Además te dan un producto de mala calidad, porque como es perseguida se corta antes de tiempo, se maneja en lugares inadecuados; lo que mal llamamos como caletas,  debajo del colchón, dentro del lavadero, en las gónadas, dentro de los glúteos. Todo este proceso la deteriora y cuando usted la consume ya está usando algo que está malo. Es como cuando usted se come unos frijoles podridos, que le hacen daño.

¿Cuál es el objetivo del Movimiento Cannábico Colombiano?
Tejer una base social con una participación popular  para desarrollar unas nuevas políticas públicas frente al consumo, cultivo y comercialización de las sustancias psicoactivas, en este caso, la marihuana.

¿Por qué estuvo en la cárcel?
Yo fui a prisión porque antes de ser activista tuve una red de distribución de marihuana en Medellín. Yo tenía muchas responsabilidades con mis hijos, con las artesanías no los podía mantener.  Así que me convertí en narcotraficante.

¿Cree usted que la marihuana le ha quitado algo, como el tiempo que pasó en la cárcel?
Sí, mijo. Todo tiene su precio. Y hay que pagarlo, yo lo pagué.  Pero gracias a todo lo que pasé tengo esta posición que tengo ahora. Logré hablar con el Ministro de Defensa, dí una ponencia en el Congreso y, sembré una semilla de activismo en Colombia.

¿Cree que, en unos años, cuando muera, la marihuana seguirá siendo perseguida en Colombia?
No, mijo. El que fue activista, fue activista, porque con todo lo que está pasando en el país, el tiempo de la derecha se acabó y, un gobierno de izquierda, no va a perseguir a la marihuana. Ya de aquí para allá esto será libre. Es más, yo creo que la marcha de este 2021 es la última, ya que lo que toca es hacer algo para celebrar su despenalización.